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MODELO DE COMPETENCIAS EDUCATIVAS

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Johanna Peralvo

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Competencias y habilidades del siglo XXI

La educación superior del presente siglo demanda a las instituciones educativas
la creación de un vínculo entre el aula y el mercado laboral, a través de los
modelos educativos basados en competencias, como necesidad de comprobar que
el egresado cuenta con los conocimientos, habilidades y destrezas para ejercer
como profesional.

El enfoque basado en competencias de las Universidades Politécnicas hace
posible una serie de elementos para gestionar la calidad de formación desde el
plan curricular para satisfacer las necesidades de diversificación de la modalidad
educativa que impulse las estrategias y metas encaminadas a la integración de
rúbricas y criterios de evaluación, que permitan gestionar las competencias, en
consecuencia de que el término “competencia”, sea el eje central vinculado tanto
al proceso de formación profesional como de gestión, y que a su vez, éste se
utilice para evaluar y certificar la calidad en ellos.

De acuerdo con (Chan, 2003), el diseño curricular por competencias se debe
considerar desde una perspectiva dialéctica, donde las etapas que se van
alcanzando, potencian exponencialmente hacia nuevos comportamientos y
nuevas competencias cada vez más complejas.

Dado que el desempeño en una tarea implica conocimientos, habilidades,
actitudes y valores, esto es indicativo de que el logro de la tarea conlleva a
cambios en los elementos consecutivos y a su vez afecta en su desempeño; es
decir, que estas Instituciones de Educación Superior (IES) tienen que responder a
tendencias macro que las están afectando, tales como: movilidad, desarrollo de
sociedades de conocimiento, innovación, economía, tecnología y cambios de
gobierno; además de la alta demanda y el poco espacio físico disponible, así
como los escasos recursos financieros, materiales y humanos. En este marco, las
TICs y TACs tienen que ser consideradas como instrumentos para lograr la
transformación de la educación superior mediante el uso de variadas formas de
intervención para atender las necesidades educativas.

En la actualidad, el papel de las Universidades Politécnicas en estos nuevos
escenarios sociales, tecnológicos y sanitarios, destaca por el impulso
organizacional hacia el cambio de paradigma en la educación a nivel superior a
través de la participación de los distintos actores (alta dirección, docentes y
estudiantes), con el fin de transformar y revalorar el proceso enseñanza-
aprendizaje para desarrollar en el estudiante las competencias sociales,
académicas y técnicas que actualmente demanda el mercado laboral, además de
las habilidades para utilizar diversas herramientas y medios tecnológicos que

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fomenten la innovación y el trabajo colaborativo en la obtención y generación del
conocimiento.

Con base en lo anterior, el sistema educativo tendrá la obligación de proponer un
encuentro entre lo teórico y lo práctico, enfocado para vislumbrar una educación
orientada hacia las necesidades, centrada en el alumno que aprende, explota sus
talentos, capacidades y participa en la transformación de la sociedad de la que
forma parte.

“El concepto de competencias ha surgido esencialmente del mundo laboral, por
la necesidad de lograr el desarrollo de habilidades y comportamientos pertinentes
en cada trabajador según su contexto laboral específico” (Charria Ortiz et al., 2011). Esta
búsqueda en la práctica laboral escapa del paulatino distanciamiento entre las
habilidades y conocimientos entregados en el aula universitaria, versus las
competencias necesarias en el actual mundo del trabajo” (Villarroel & Bruna, 2014).
Disminuir esta brecha significa aportar al desarrollo social y al bienestar
colectivo (CEPAL, 2016).

Actualmente, el reto es el de alinear la educación con las necesidades cambiantes
del mercado laboral, así como de aquellos factores macro que participan en su
intervención profesional (económicos, sociales, ambientales, sanitarios, entre
otros), ya que su principal objetivo es el de aportar a egresados con las
competencias necesarias para lograr su éxito en el mercado laboral. Esto es
especialmente importante en las economías globalizadas impulsadas por la
innovación y basadas en las competencias asociadas a las expectativas de los
estudiantes de encontrar un empleo al finalizar sus estudios acordes a su perfil
profesional.

Los nuevos modelos del e-Learning y el desarrollo de la tecnología hacen
transitar la educación superior hacia la mayor transformación tecnológica en los
últimos 500 años (Rief, 2014). Es tal la profundidad de estos cambios, que para
muchas voces estamos asistiendo a una auténtica reinvención de los fundamentos
del sistema, reinvención catalizada por las extraordinarias posibilidades ofertadas
por el desarrollo de las TICs y TACs. Entre otras cosas, hoy esta nueva etapa
tiene el desarrollo de los Massive Open Online Courses ―MOOC― como una
de sus manifestaciones más evidentes y de mayor recorrido (Torres y Gago, 2014).

En el Foro Mundial sobre la Educación 2015, celebrado del 19 al 22 de mayo de
2015 en Incheon (Corea del Sur), se estableció como uno de sus acuerdos,
promover oportunidades de aprendizaje de calidad a lo largo de la vida para
todos, en todos los contextos y en todos los niveles educativos, así como
fortalecer la ciencia, la tecnología y la innovación.

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Es preciso aprovechar las TIC, para reforzar los sistemas educativos, la difusión
de conocimientos, el acceso a la información, el aprendizaje efectivo y de
calidad, y una prestación más eficaz de servicios (UNESCO, 2015).

En los contextos surgen iniciativas enfocadas a resaltan la importancia de generar
un vínculo entre las aulas de las IES y el mercado laboral, ya que la falta de
experiencia profesional es una de las razones más citadas por los empleadores
mexicanos para no contratar a los jóvenes egresados de educación superior.

La educación superior mexicana, en las Universidades Politécnicas, ofrecen el
aprendizaje basado en competencias durante y al final de los programas de
estudios en varios formatos, pero su extensión y relevancia varía entre los
subsistemas. El aprendizaje basado en competencias también varía según los
campos de estudio: se trata de algo común en los programas de ingeniería y
salud, pero no tanto en humanidades y ciencias sociales. La Asociación Nacional
de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) calcula que
las prácticas profesionales son obligatorias solo en el 55% de las instituciones de
educación superior (ANUIES, 2017).

Las instituciones de educación superior mexicanas no tienen la flexibilidad para
adaptar sus actividades educativas e investigadoras a las necesidades actuales y
emergentes de la economía mexicana (Vega, 2015). Al mismo tiempo, las
características de la economía y del mercado laboral (con un gran sector
informal, una gran proporción de PYMES, escasa innovación, etc., hacen que la
vinculación con los empleadores resulte complicada.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OECD, 2019), no existe una medida establecida que indique el nivel de
la calidad en la educación superior; no obstante, engloban los factores que se
plantean a la hora de evaluar la calidad en la educación.

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Competencias y habilidades del siglo XXI

La educación superior del presente siglo demanda a las instituciones educativas
la creación de un vínculo entre el aula y el mercado laboral, a través de los
modelos educativos basados en competencias, como necesidad de comprobar que
el egresado cuenta con los conocimientos, habilidades y destrezas para ejercer
como profesional.

El enfoque basado en competencias de las Universidades Politécnicas hace
posible una serie de elementos para gestionar la calidad de formación desde el
plan curricular para satisfacer las necesidades de diversificación de la modalidad
educativa que impulse las estrategias y metas encaminadas a la integración de
rúbricas y criterios de evaluación, que permitan gestionar las competencias, en
consecuencia de que el término “competencia”, sea el eje central vinculado tanto
al proceso de formación profesional como de gestión, y que a su vez, éste se
utilice para evaluar y certificar la calidad en ellos.

De acuerdo con (Chan, 2003), el diseño curricular por competencias se debe
considerar desde una perspectiva dialéctica, donde las etapas que se van
alcanzando, potencian exponencialmente hacia nuevos comportamientos y
nuevas competencias cada vez más complejas.

Dado que el desempeño en una tarea implica conocimientos, habilidades,
actitudes y valores, esto es indicativo de que el logro de la tarea conlleva a
cambios en los elementos consecutivos y a su vez afecta en su desempeño; es
decir, que estas Instituciones de Educación Superior (IES) tienen que responder a
tendencias macro que las están afectando, tales como: movilidad, desarrollo de
sociedades de conocimiento, innovación, economía, tecnología y cambios de
gobierno; además de la alta demanda y el poco espacio físico disponible, así
como los escasos recursos financieros, materiales y humanos. En este marco, las
TICs y TACs tienen que ser consideradas como instrumentos para lograr la
transformación de la educación superior mediante el uso de variadas formas de
intervención para atender las necesidades educativas.

En la actualidad, el papel de las Universidades Politécnicas en estos nuevos
escenarios sociales, tecnológicos y sanitarios, destaca por el impulso
organizacional hacia el cambio de paradigma en la educación a nivel superior a
través de la participación de los distintos actores (alta dirección, docentes y
estudiantes), con el fin de transformar y revalorar el proceso enseñanza-
aprendizaje para desarrollar en el estudiante las competencias sociales,
académicas y técnicas que actualmente demanda el mercado laboral, además de
las habilidades para utilizar diversas herramientas y medios tecnológicos que

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